Poder es deber: demos una oportunidad al puerta a puerta

Iritziak

(Gaztelerazko prentsara bidaltzeko asmotan egindako hausnarketa).

Es un principio básico de toda sociedad realmente democrática, que toda persona es sujeto de derecho, es decir, que tiene derechos y obligaciones que se articulan en nuestras leyes y ordenanzas. Sin embargo, es cierto que dichas leyes que regulan nuestra vida en sociedad no siempre son justas, y provocan desacuerdos e incluso confrontación. En esos casos nos podemos encontrar con la legitimidad de la desobediencia o con la ilegitimidad de las actuaciones egoístas e incívicas.

 

En el caso de la recogida de residuos uno de los temas que se debería debatir con serenidad y honestidad intelectual (aunque algunos rehúyen cualquier debate) es si el y la ciudadana deben tener obligaciones en cuanto a la recogida de la basura, o deben tener derecho de ser ella o él mismo el que decida como recogerla.


Ante esta cuestión tenemos dos respuestas posibles. Una de ellas es que la recogida selectiva debe ser obligatoria por diversos motivos: por motivos de salud, por los derechos de las generaciones futuras, por que contaminar no es un derecho, por que lo marca la normativa europea (que prioriza la reutilización y el reciclaje sobre la incineración, y prohíbe incinerar lo que se pueda reciclar). La otra es que no se puede obligar a la ciudadanía y esta debe de tener la mayor libertad posible (en nuestro caso, no obligatoriedad de reciclaje y uso totalmente libre del contenedor verde).


Teniendo en cuenta la normativa europea y el estudio realizado por la empresa Spora encargado por Sasieta, que demuestra que el sistema de recogida de residuos llamado puerta a puerta es el que mejores resultados obtiene, nos preguntamos cuales pueden ser las razones por la que un número considerable de ciudadanos se oponen a dicho sistema.


Una razón puede ser de naturaleza política (el partido llama a la oposición y confrontación). Otra, el desconocimiento de las alternativas que se proponen. Una tercera, simplemente el egoísmo (continuemos como hasta ahora, ya que no somos los que sufriremos directamente las consecuencias futuras de nuestras acciones). Y otra puede que sea el hecho de considerar el sistema alternativo como una imposición.


Desgraciadamente, parece ser que en el conflicto que vivimos en torno a la recogida de residuos, algunos se equivocan a la hora de entender los derechos y las obligaciones de la ciudadanía. En lugar del imperativo tecnológico (si podemos construir una incineradora con tecnología avanzada, debemos construirla), del imperativo político-partidista (si podemos utilizar todo tipo de armas contra un equipo de gobierno y su programa, debemos hacerlo), y del imperativo liberal-egoísta (si puedo anteponer mis intereses y mi “libertad”, debo hacerlo y nadie es quien para limitarlos, ni siquiera el bien común), deberíamos de asumir el imperativo ético: si podemos hacerlo bien, debemos hacerlo bien.